Pasear…





Por la tierra que esconde duendes sin rostro en el interior de un pequeño reflejo de sol.

Dónde la paz es el crujir de las hojas en tus pasos 


en el hechizo que a su vez para el tiempo.



El aire marca mi boca y abre el hambre. Hubo un secreto en su silbido.



Por el terreno que besa la luz expongo sin miedo todas las membranas que me cubren.

Porque la confianza son gotas de rocío que empapan un corazón greda 

y

 aquí todas las hierbas se despojan de ellas.


Caen, cómo escalas de música, cómo la voz envolvente de Cohen.

Se agrupan, calan, fecundan, me crecen y me recuerdan, que al menos para ti:
yo también tengo la intención de vivir para siempre.







Indra.