Es crecido en la luz...






Es crecido en la luz.

Es de alas, piel y hueso,
de flores rojas y torneos,
que abre y se abre a los días,
y susurra a los vientos,
que dispersa el aliento
como lluvia sobre el desierto,
y es por eso
la desnudez plena de la sangre,
esa que nos une en el abismo, 
por habernos sido,
y grita exhausta
la necesidad de volver a sentir
el zumbido de nuestros pulsos
agarrados de la mano
por las calles que brotan primavera;
mientras ruge el mar en nuestros ojos.

Es envuelto en ternura, puentes, tréboles, lunas,
remolinos de amapolas,
también... errores de pájaros y nubes.

Es de hambre y sed y nos muerde, 
y gime y ronronea el deseo en la espalda,
y nos suspira en la nuca y se niega al olvido.


Es único y mortal; 
suficiente para ser perfecto...

Este amor incomprensible, incesante y nuestro,
que nos pide cada día un día más de vida.









Indra.