La luz...




Woolf, Sexton, Plath, Pizarnik, Storni…
llevo días pensando en ellas,
en el desbarajuste interior
que les secaba los labios.

En el destino elegido
para dejar de ser saco de huesos,
licuando en la eternidad sus secretos,
sus deseos más íntimos,
…sus miedos,
en un instante sin esperanza...
arrojado a la memoria
de los que quedan
en el más silencioso
y doloroso escepticismo.

Posiblemente no llevarían rosas en las manos,
aunque dejasen campos repletos
de palabras con ese aroma y…
el de todas las especias.

Me pregunto si alguien las beso
ese día en los labios...
y si aún doliéndoles tanto el paso por la vida
al final, en el segundo último de la luz, 
descubrieron la moraleja que para ellas... tenía guardada. 





Indra. 

Contra mi misma.




Hoy no soy enjambre viviendo en la boca del aire.

Hoy por mi columna vertebral no rugen los caballos, 
ni salen hormigas de mi mano.

Hoy no sé de puentes entre ciudades .

Me he trenzado el pelo y sin voz, con las manos llenas de ceniza,
he anudado mis zapatos.

Morir en la tristeza pero asegurar que no me tragará el abismo a cada paso.

Día impar, dónde reconocer que descendí como un animal en el bosque
buscando cobijo y sin consciencia, se enterró de la luz.

Ahora, calles sin esquinas, llenas de sol, me van abriendo los párpados,
quizá por eso me lagrimean los ojos, por esta claridad después de los años.

Terminar sin signos que emigren tras una oración de rodillas frente a tus piernas.

Extender la lengua sólo para sellar las puertas del mar, y en su silencio… 
comprar un billete con viaje a la ausencia.




Indra.