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La caídas pueden convertirse en milagros.

Los errores en camino.

Los crepúsculos en fruta madura. Y sus nubes en ansiadas tazas de café y pan caliente.

La islas en rocío.

Las olas en cristal. Y las que corren por las venas en ángeles sin sombra.

El orgullo en agua. Y el corazón en un redoble de tambores.

Lo invisible en imprescindible.

El frío en anhelo.

La oscuridad en luz intermitente. Y palabras incoherentes como estas en lágrimas.

Espinosa ternura la de la memoria,que despierta para recordarme que dormía en la punta de un iceberg; en la que declina justo hacia el fondo del mar.









Indra.





Pasear…





Por la tierra que esconde duendes sin rostro en el interior de un pequeño reflejo de sol.

Dónde la paz es el crujir de las hojas en tus pasos 


en el hechizo que a su vez para el tiempo.



El aire marca mi boca y abre el hambre. Hubo un secreto en su silbido.



Por el terreno que besa la luz expongo sin miedo todas las membranas que me cubren.

Porque la confianza son gotas de rocío que empapan un corazón greda 

y

 aquí todas las hierbas se despojan de ellas.


Caen, cómo escalas de música, cómo la voz envolvente de Cohen.

Se agrupan, calan, fecundan, me crecen y me recuerdan, que al menos para ti:
yo también tengo la intención de vivir para siempre.







Indra.








Es crecido en la luz...






Es crecido en la luz.

Es de alas, piel y hueso,
de flores rojas y torneos,
que abre y se abre a los días,
y susurra a los vientos,
que dispersa el aliento
como lluvia sobre el desierto,
y es por eso
la desnudez plena de la sangre,
esa que nos une en el abismo, 
por habernos sido,
y grita exhausta
la necesidad de volver a sentir
el zumbido de nuestros pulsos
agarrados de la mano
por las calles que brotan primavera;
mientras ruge el mar en nuestros ojos.

Es envuelto en ternura, puentes, tréboles, lunas,
remolinos de amapolas,
también... errores de pájaros y nubes.

Es de hambre y sed y nos muerde, 
y gime y ronronea el deseo en la espalda,
y nos suspira en la nuca y se niega al olvido.


Es único y mortal; 
suficiente para ser perfecto...

Este amor incomprensible, incesante y nuestro,
que nos pide cada día un día más de vida.









Indra.

...




Con los años me he vuelto ininteligible.

Traspasar la respiración del silencio cada vez me tiene más maltrecha.
Dejar que las palabras caminen por mis labios y vuelen hasta cualquier llave,
que abran puertas, que erijan templos o derrumben muros, lo veo un imposible,
y veto mis propios pájaros.

Me descubro temiendo la respuesta del mar, de las colinas, de los manglares,
del aliento que no comprende la urdimbre de las amapolas,
que no abarca la sencillez de un batir de alas o el aullido que evoca la luna
para abrir besanas y revelar sus secretos.

Temo, también, y por eso callo, la respuesta equívoca de unos ojos cerrados
ante la idea de que hacer el amor es tan simple como contemplar
un amanecer sin ángulos y que para ello...
no hay que desnudar nada más que el corazón.






Indra.


Introspeccionándo(me)



Crujir -una y otra vez-
las muñecas atrapadas en el desierto
hasta visualizar el agua que dividirá
-de nuevo-
los labios del ave que se agita.

Salvarme de las manos que débiles
no mantienen la imagen saciada de aquel nido.


Y devolver(me) la mirada.  





Indra.

....................



Llueve, todo se renueva,
y la vida, de nuestro lado,
con esa fe ciega en lo que sentimos
…nos habla del amor...
y la oímos como melodía
que cae… y se cuela y empapa
y llega hasta el alma…
para recordarnos que seguimos siendo…
gotas……………...








Indra.

...







Penetra alguien los sueños
de mi corazón loco,
descendiendo con una melodía
que a olas te nombra,
inevitablemente…
la humedad aprisiona mis ojos
mientras te reclama el deseo.

Escapan de mi boca
trazas temblando de lamento
-ante el recuerdo-
y la luz de tu voz
-que me hace vida-
no calma el laberinto.

La desidia, aguja en el alma, 
saca de mi cuerpo
un mar de lágrimas...

Y más allá del abismo, 
justo cuando el abandono
hace mella en la entrega...

mis alas mueren saladas.







Indra.





Un lunes por la tarde...





Mi ritmo cardíaco ha cambiado, ni rastro del impulso de sus razones.

Voy siendo más mía con todas las consecuencias.

Aun así, en este poder de dominios…
tengo miedo de no volver a sentir sus golpes en el pecho,
sobre todo cuando el vuelo es la magia de ser feliz
acurrucada -un lunes por la tarde- entre tus ingles y tu sonrisa.  







Indra.













Existo fraguada de corrientes...






Existo fraguada de corrientes,
hebra desnuda al soplo del viento,
entre pájaros y árboles.


Así soy, así viajo todo el tiempo,
sobre la verdad de un sueño de mayo
entre un montón de besos locos...
y en el oleaje de esa realidad, 
sé que nada es imposible.


Este vértigo sabe más de mi misma
que mis ojos de mi propio cuerpo,
o el corazón de mis silencios.






Indra.

La luz...




Woolf, Sexton, Plath, Pizarnik, Storni…
llevo días pensando en ellas,
en el desbarajuste interior
que les secaba los labios.

En el destino elegido
para dejar de ser saco de huesos,
licuando en la eternidad sus secretos,
sus deseos más íntimos,
…sus miedos,
en un instante sin esperanza...
arrojado a la memoria
de los que quedan
en el más silencioso
y doloroso escepticismo.

Posiblemente no llevarían rosas en las manos,
aunque dejasen campos repletos
de palabras con ese aroma y…
el de todas las especias.

Me pregunto si alguien las beso
ese día en los labios...
y si aún doliéndoles tanto el paso por la vida
al final, en el segundo último de la luz, 
descubrieron la moraleja que para ellas... tenía guardada. 





Indra. 

Contra mi misma.




Hoy no soy enjambre viviendo en la boca del aire.

Hoy por mi columna vertebral no rugen los caballos, 
ni salen hormigas de mi mano.

Hoy no sé de puentes entre ciudades .

Me he trenzado el pelo y sin voz, con las manos llenas de ceniza,
he anudado mis zapatos.

Morir en la tristeza pero asegurar que no me tragará el abismo a cada paso.

Día impar, dónde reconocer que descendí como un animal en el bosque
buscando cobijo y sin consciencia, se enterró de la luz.

Ahora, calles sin esquinas, llenas de sol, me van abriendo los párpados,
quizá por eso me lagrimean los ojos, por esta claridad después de los años.

Terminar sin signos que emigren tras una oración de rodillas frente a tus piernas.

Extender la lengua sólo para sellar las puertas del mar, y en su silencio… 
comprar un billete con viaje a la ausencia.




Indra.