Voluta



Miraba el cielo empapado desde la guarida,
metiéndose a tientas en el recuerdo de otra lluvia.

Bendita sea la memoria que prostituye los desiertos
y vuelve a llenarte el cuerpo con la música de Prince.

Bienvenida siempre, cuando llega para guiarte
a ese lejano tiempo dónde bajabas a beberte
el infinito mientras las notas de Purple rain
te elevaban como voluta para conjugar el universo.  














Indra.

A esta hora...


Ya has presentido la arena.

-Carmen Membrilla Olea.-




No he sentido el azul del mar
en el centro de tu palabra.

Quejidos de grietas en las comisuras
que guardaban nuestros futuros crepúsculos
y catarsis a esta hora que no hallamos vértices
dónde dejar caer
la humedad aniquiladora de nuestra ira, sí.

Sé que tú también lo sientes, ya has presentido la arena.

Igual que la boca seca, igual que las manos agrietadas
igual que esta visibilidad cero en el braille de nuestro tacto.
Ahora, a esta hora,
sabemos que todos los días nuevos nacerán desiertos
porque ya ni nos queda llanto, para consolarnos.  




Indra.

Cuando el aire...




 
 
 
Vuelve la palabra ahogada,
la contradictoria vuelta sobre un verso,
el caballo ceniza cruzando a galope
el agua mansa de los ríos, y vuelven...
cuando el aire, las hojas de eucalipto
-que ya no son-
a renacer el recuerdo.
 
Mientras mi vida muerde de rodillas
-nuevamente- el frío pedernal
por no gritar el secreto de los valles.
 
 
 
 
 
 
 
Indra.

Agua...


Una glorieta en mitad de una ciudad 

puede ser un oasis

para quien llega por un camino de arenas.

Y una sonrisa el agua que entreabre tu boca.

Bebiendo de ella es cuando comprendes el por qué del destino.





Indra.

Ven...


Mano que apacigua mi espalda,
que sube, sonríe y aúlla
cuando sobrevuela mis cuentas,
deshaz la enredadera que ata mi sombra
y dame la dulce muerte que purifica todas mis islas.











Ahora




En el temblor del relámpago,
en el afán de tu mano desnuda,
en lo oculto de mi vientre,
allí donde siempre aguarda el sol,
hay olor de islas por descubrir.

Allí donde el amor
es una flecha rasgada por el viento,
flúyeme húmeda, atraviesa la tierra,
marca tus pasos, crece en mis dunas,
y rompe la selva.

Pero ahora,
ahora que la niebla es demasiado espesa...
para ser caricia.



Indra.

Cosas de la vida... o los años...









Me hipersensibilizo
 
-hasta el punto de la compasión-

con los pies que desnudos

-sobre un diente de león-

se alzan por un último brindis.





Indra. 

Ácida.


Hacer el amor.
Hacer el amor sin pensar en el regreso,
con el placer en la boca de elegir
ser dulce utopía o estrategia.


Sonreír.
Sonreír ácida al contemplar
como te robé una vez más
ese suspiro de gato cuando cierras los ojos
y toda tu sorna da un giro de ciento ochenta grados
-vaciándose en mis labios-.

Lamer.
Lamer la victoria de tener en ese instante
las llaves de todas las puertas.



Indra.