Décimas...




A medida que la sensación de décimas
se agitaba en mis ojos...
la primavera
se iba colocando lentamente a mi lado;
tomando lo más vulnerable de mí.






Indra.









Por el bulevar de los sueños rotos...



Es densa la ausencia.

Tal vez, yo, busque los vínculos que desmoronaban mis azules...
dónde ya no existen.


                                                                   
    Indra.




Dulzura...




Esas limitaciones que me hacen buscarte,
hablarte de nuestras pisadas
y tropiezos del día,
me llenan de matices.
El juego entre paisajes inventados,
donde afloran los tréboles
y suena la brisa del río,
se asemeja a la felicidad
y vuelvo sobre los pasos.
Se bifurcan todas las palabras,
se gira el aliento,
se confiesan las miradas,
y se inmolan los recuentos,
mientras la luz de nuestras risas
da paso a la dulzura...
y sin que apenas sea perceptible
a la metafísica de la vida…
tú me sacas de dudas,
y yo, sin miedo, te digo… todo lo que me excitas.



Indra.





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El amor que tumba la guerra
y graba tu nombre en el golpe
es la esperanza de sutura.



                                                                



  Indra.

. . .




La caídas pueden convertirse en milagros.

Los errores en camino.

Los crepúsculos en fruta madura. Y sus nubes en ansiadas tazas de café y pan caliente.

La islas en rocío.

Las olas en cristal. Y las que corren por las venas en ángeles sin sombra.

El orgullo en agua. Y el corazón en un redoble de tambores.

Lo invisible en imprescindible.

El frío en anhelo.

La oscuridad en luz intermitente. Y palabras incoherentes como estas en lágrimas.

Espinosa ternura la de la memoria,que despierta para recordarme que dormía en la punta de un iceberg; en la que declina justo hacia el fondo del mar.









Indra.





Pasear…





Por la tierra que esconde duendes sin rostro en el interior de un pequeño reflejo de sol.

Dónde la paz es el crujir de las hojas en tus pasos 


en el hechizo que a su vez para el tiempo.



El aire marca mi boca y abre el hambre. Hubo un secreto en su silbido.



Por el terreno que besa la luz expongo sin miedo todas las membranas que me cubren.

Porque la confianza son gotas de rocío que empapan un corazón greda 

y

 aquí todas las hierbas se despojan de ellas.


Caen, cómo escalas de música, cómo la voz envolvente de Cohen.

Se agrupan, calan, fecundan, me crecen y me recuerdan, que al menos para ti:
yo también tengo la intención de vivir para siempre.







Indra.








Es crecido en la luz...






Es crecido en la luz.

Es de alas, piel y hueso,
de flores rojas y torneos,
que abre y se abre a los días,
y susurra a los vientos,
que dispersa el aliento
como lluvia sobre el desierto,
y es por eso
la desnudez plena de la sangre,
esa que nos une en el abismo, 
por habernos sido,
y grita exhausta
la necesidad de volver a sentir
el zumbido de nuestros pulsos
agarrados de la mano
por las calles que brotan primavera;
mientras ruge el mar en nuestros ojos.

Es envuelto en ternura, puentes, tréboles, lunas,
remolinos de amapolas,
también... errores de pájaros y nubes.

Es de hambre y sed y nos muerde, 
y gime y ronronea el deseo en la espalda,
y nos suspira en la nuca y se niega al olvido.


Es único y mortal; 
suficiente para ser perfecto...

Este amor incomprensible, incesante y nuestro,
que nos pide cada día un día más de vida.









Indra.